Sí, soy yo. He vuelto. Y esta vez para quedarme -dijo con tono heroico el joven bloggler.
Lectores, amigos, hace sobre cinco meses de mi último post, y es que entre los exámenes, el inicio de mis prácticas, la búsqueda del Santo Grial, y la pereza, pues uno perdió de vista este espacio. Me pido disculpas a mí mismo ante todo por mi falta de constancia, uno de los valores que se supone que aprecio más en una persona.
¡Pero basta de lamentaciones! He pensado que una curiosa y práctica manera de retomar el blog sea con una serie de entradas enfocadas al consumerismo. ¿Que qué es ese palabro? ¿Que me lo estoy inventado, dices? No, no, mira, mira: Wikipedia dice...
El término consumerismo hace referencia a la soberanía del consumidor respecto a la de la oferta y es utilizado por agentes sociales en contacto con la defensa de los intereses de consumidores y usuarios, como las organizaciones de consumidores. Se expresa en los criterios que usan las personas para adquirir bienes o servicios conscientemente.
¡Y si lo dice Wikipedia, será verdad! Pero para manejarnos, te daré mi definición casera: el consumerismo es la corriente ideológica que defiende la compra racional y los derechos de los consumidores; su faceta contraria sería el consumismo. Más claro, agua.
Pues dado esto por sabido, el primer consejo de compra racional que os voy a dar es... redoble de tambores... cómo saber comprar una buena sandía o un buen melón. Porque mucha gente se para frente a ese mueble de redondas, pesadas, y jugosas frutas y no sabe ni por donde empezar. Quizá alguno de ellos le pida ayuda a cualquier dependiente de la tienda, y el pobre muchacho/a se ve comprometido en una tensa situación de la que no sabe por donde salir, porque él tampoco tiene ni idea de cómo escoger.
SANDÍAS
Las sandías que solemos encontrar en el mercado son dos: o la negra o la rayada. Además de en pieza, también es habitual encontrarlas en mitades o cuartos tanto con como sin pepita. No os voy a dar una charla sobre las grandes propiedades de la fruta, sólo a indicaros cómo reconocer una buena. No obstante, y para que os hagáis los culturetas (sí, nos encanta hacernos los culturetas, jiji), os dejo caer que la sandía madura entre la primavera y el verano, por lo que en los primeros meses de verano es cuando se puede encontrar las piezas más jugosas. Dos tajadas de sandía equivalen a un vaso de agua; las propiedades diuréticas de la fruta son notables; está recomendada en dietas de adelgazamiento permitiéndose además consumir el doble de su cantidad de lo que de otras frutas se podría; y dicen que es antioxidante y previene algunos cánceres en general. ¿Ves? Ya me hiciste soltar toda esta información. Ahora vamos a lo crucial.
Formas de reconocer una buena sandía:
Por el lado del melón, tenemos unas cuantas especies características en los lineales de los supermercados a medida que llega el verano: el piel de sapo (en variedad bollo y convencional), el amarillo (honey dew), el galia, o el cantaloup. Al igual que la sandía, todos estos ejemplares son ricos en agua y, aunque aportan muchos hidratos de carbono, contienen pocas kilocalorias, lo que hace de esta una buena fruta para las dietas. También contiene propiedades antioxidantes buenas para la prevención de cánceres y enfermedades cardíacas. Cabe destacar que una ración de 100g de melón aporta más o menos la mitad de vitamina C diaria recomendada. Echada esta píldora del saber, volvemos a lo que nos interesa.
Formas de reconocer un buen melón:
Y hasta aquí la clase. No olvidéis repasar vuestros apuntes para el examen de trigonometría del martes. Es broma, pero quedaba bien decirlo. ¡Un saludo!
Formas de reconocer una buena sandía:
- Una sandía que ha madurado de forma natural cae del árbol y se estampa contra el suelo (sin romperse). Esto genera una mancha en su piel de un tono amarillo-cremoso. Si una sandía tiene una mancha de tonos blanquecinos o carece de ella, ha madurado en una cámara congeladora, por lo que no habrá alcanzado su máximo potencial de sabor.
- Retomando esto de que la sandía se cae del árbol, el tallito debe estar verde. Esto indica que la sandía es fresca. Si por el contrario estuviera el tallito amarronzado, nos daría a suponer que ha estado congelada o que lleva bastante tiempo expuesta (sin nadie que la apadrine).
- La piel no debe presentar deterioros. Nada de cascaduras, roturas, arrugas, cortes, manchas, zonas blandas ni nada por el estilo. Esto indica que el punto de madurez ya se ha pasado y empieza el camino a la putrefacción.
- La sandía, al darla esos golpecitos de padre, debe sonar hueca. No es un mito. Si suena llena, está mala.
- La sandía es casi todo agua. Debe guardar una proporción peso/volumen lógica. Si coges una sandia enorme y pesa como un balón de playa... malo. Si coges una sandía enana y parece un bloque de hormigón... malo. Las sandías suelen ir de los 2 a los 10 kilos, posicionándose en la media, momento en que son ligeramente más grandes que una cabeza humana.
- La sandía debe oler a sandía, ese ligero aromilla dulce y húmedo.
- Finalmente, si la compráis cortada, la zona central de la pulpa debe presentar un intenso color rojizo. Además, al tacto, toda esta pulpa debe guardar consistencia, no puede estar blanduzca. Y, por supuesto, las sandías cortadas siempre deben estar filmadas.
MELONES
Por el lado del melón, tenemos unas cuantas especies características en los lineales de los supermercados a medida que llega el verano: el piel de sapo (en variedad bollo y convencional), el amarillo (honey dew), el galia, o el cantaloup. Al igual que la sandía, todos estos ejemplares son ricos en agua y, aunque aportan muchos hidratos de carbono, contienen pocas kilocalorias, lo que hace de esta una buena fruta para las dietas. También contiene propiedades antioxidantes buenas para la prevención de cánceres y enfermedades cardíacas. Cabe destacar que una ración de 100g de melón aporta más o menos la mitad de vitamina C diaria recomendada. Echada esta píldora del saber, volvemos a lo que nos interesa.
Formas de reconocer un buen melón:
- La piel es un indicador de la madurez del melón, pero no se puede hacer generalizaciones en este aspecto. Dependiendo del tipo de cultivo del melón, su piel madura será de una forma u otra. Por ejemplo, el melón piel de sapo es de secano, por lo que su piel madura se presenta cascada, rugosa, destrozada.
- El melón cae del árbol y tiene forma de balón de rugby. Por lo tanto, uno de sus polos es por donde se enganchaba al árbol, y el otro es el que nos interesa. Si cogemos este polo contrario a por el que estaba colgado el melón y presionamos a su alrededor, debe poder hundirse un poco. Si está duro, el melón aún debe madurar. Si está excesivamente blando, el melón está pasado.
- Una vez presionado el melón de esta forma, desprenderá una fragancia a... sí, melón. Si no huele, o no huele a melón, mal asunto.
- Finalmente, se puede coger el melón y agitarlo. Debe parecer consistente. Si da la impresión de que algo se mueve en su interior, es que las semillas se han despegado y flotan. Eso indica que el melón ya está pasado.
Y hasta aquí la clase. No olvidéis repasar vuestros apuntes para el examen de trigonometría del martes. Es broma, pero quedaba bien decirlo. ¡Un saludo!
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