miércoles, 12 de febrero de 2014

Tecnología, maldita y sexy tecnología

Tengo la extraña sensación de que nuestros científicos e ingenieros quieren acercarnos a una sociedad futurista -cyborgs que hagan la colada, coches voladores, pantallas holográficas...- más rápido de lo que el mercado es capaz de asimilar. Es una corazonada, ¿sabéis?, como esas punzadas que te dan a veces en la nuca cuando presientes una distorsión en La Fuerza -chiste malo. En fin. ¿Que por qué tengo esta impresión? Pues es por el seguimiento que he estado haciendo del CES (Consumer Electronic Show) desde mi silla. En el esperado evento, las wereable technologies (prendas tecnológicas) han sido la gran protagonista; y es que ya durante todo el 2013 ha estado mucho en boca de los marketeros y tecno-amigos este tema. Y antes de continuar, para quien no lo sepa y quiera evitarse una visita al buscador, le informo de que este concepto hace alusión a los nuevos gadgets (dispositivos electrónicos) diseñados para ser llevados como un complemento más del cuerpo. Ejemplos de esto son el reloj Galaxy Gear de Samsung o las Google Glass de... sí, son de Google. Ahora que estamos en la misma honda, mi pregunta es: ¿por muy impresionante que sea alardear de crear el artilugio más novedoso, esos inventos tienen de verdad cabida en el mercado?
Google Glass

Bueno, hay que considerar que hay wereables más asequibles que otros, eso es verdad. En un extremo estarían las Google Glass a un precio desde 366 euros y por el otro el Fitbit Zip o el Embrace+ por sobre 60, pasando por la Nike's Fuelband que anda cerca de los 150. Lógicamente, la liga en la que juegan unas gafas capaces de virtualizar nuestra vida no es la misma que la de una pulserita que toma el pulso y cuenta los pasos, pero no hay que olvidar que esto es un mercado emergente de rápida evolución (y consiguiente obsolescencia) que no tardará (y no está tardando) en bajar sus precios a medida que lanzan novedades y surgen nuevos oferentes. No hay más que retomar el ejemplo de las Google Glass, cuyo precio superaba los 600 dólares cuando recién salió a la venta pero, antes de eso, hubo gente que pagó más de 1000 por adquirirlas antes. En conclusión, a nivel económico no creo que el precio vaya a ser un problema para los que quieren adquirir uno de estos artilugios, pero puede resultar una frustración realizar tal desembolso para encontrarse con que tu producto está desactualizado al poco tiempo -y, de hecho, esto me recuerda la genial idea del Phoneblock, aquel móvil que no sólo podía actualizar software, sino además hardware a través de módulos físicos renovables.

Galaxy Gear
Otros aspectos a considerar son el social y el legislativo. Para ambos ámbitos tomaremos como referencia la Google Glass por ser el primer wereable technology con funcionalidades complejas. Por el lado de lo social, recuerdo una encuesta que decía que sobre el 65% de los encuestados (seguramente americanos) pasarían vergüenza llevando por la calle este gadget. No obstante, si se buscan cifras y previsiones de venta del producto, se comprueba que ha tenido una rentable aceptación en el mercado pese a la alta implicación que supondrá la compra para muchos. Por el lado de lo legislativo, ya han surgido dos casos en los que se han denunciado a usuarios de Google Glass (una conductora y un chico que estaba en el cine) por creer que estaban usando estos dispositivos de forma ilícita. ¿Qué nuevos inventos veremos en estos años y qué problemas morales/legales podrían acarrear?

En conclusión, creo que las wereable technologies tienen y van a seguir teniendo un buen posicionamiento en el mercado tecnológico a nivel general. No obstante, se deberán cuidar de ofrecer productos tan útiles como novedosos y de no caer en situaciones oligárquicas de oferta. Si nos fijamos en países sumidos en crisis como el nuestro, España, quizá la lógica diga que estos prescindibles devices no serán demandados, pero por otro lado somos el país con mayor porcentaje de smartphones de gama alta por metro cuadrado, así que ¿por qué no?

Al hilo de la sociedad del futuro, quiero aprovechar para destacar otra sensación que tengo. ¿No notáis, los que estáis más en la ola de la tecno-actualidad, que hoy en día es como si pretendieran ponerle un chip a todo y conseguir que hasta tu taza del váter esté conectada por wifi a tu Spotify para ponerte tus canciones favoritas mientras defecas y luego poder mandarte a tu app del móvil, Caquita-nalitic, un resumen de qué tal va tu flujo intestinal? Porque esa es otra: todos los aparatos electrónicos que poseas quieren que estén conectados entre ellos a través de una compleja red logística donde el núcleo será o el móvil o la tablet (o la phablet) y las redes sociales con el fin de "ofrecerte una experiencia personal, facilitar tu vida y mejorar su calidad". Y aunque en el fondo los consumidores se huelan que lo único que quieren las empresas tecnológicas es crear el soporte idóneo para de la tan hablada publicidad nativa y publicidad del momento (o quizá son sólo paranoias mías), también es cierto que el concepto en sí mismo es muy deseable y futurista: la individualización de las personas y la universalización de los servicios.

Smart Fridge
Uno de los principales afectados de esta tendencia es el mundo de la domótica, que ha experimentado un gran cambio desde que han creado auténticos electrodomésticos inteligentes (smart device). Aunque estos bichejos pueden parecer fascinantes a primera vista, a mí personalmente no me deja de parecer que lo único que hacemos es incrustar un simple ordenador en un aparato cotidiano, es decir, no veo una auténtica revolución, sino que veo algo viejo con una nueva presentación. Y cabe destacar que ya existe gente de maliciosa pericia que le ha encontrado maliciosos fines a esto de "tener un simple ordenador incrustado en un aparato cotidiano". Los smart device cuentan con un nivel de seguridad muy bajo, porque su manejo sería mucho más lento y fastidioso si fuera de otra manera. Gracias a ello es que el 23 de diciembre del pasado año así como el 6 de enero de este un hacker consiguió acceso a 100.000 dispositivos de esta índole (televisores principalmente y una nevera, sí, una nevera) a través de los que mandó 750.000 mensajes de spam. 

Ahora volvamos a la cuestión de que el móvil o la tablet van a ser el centro del universo tecnológico personal de cada uno. Ejemplo de esto es que se habla ya de que el móvil sea tu monedero (de hecho, esto ya es una realidad tangible), de que el móvil sean tus llaves del coche, o de que el móvil sean tus llaves de casa. Perfecto planteamiento, realmente parece muy cómodo integrar tantas funciones cotidianas en un sólo aparato. Pero, ¿y si lo pierdes? O peor, ¿y si te lo roban o lo hackean? ¿Realmente estamos preparados para estos imprevistos? ¿Hemos desarrollado la tecnología poniendo por delante siempre la seguridad de los consumidores? Seamos realistas, lo más parecido a un anti-robo que tienen los móviles es la opción de ser geolocalizados a través de la iCloud (los de Apple) o de otras aplicaciones similares (como AVG en Android), y burlar este mecanismo es tan sencillo como apagar el teléfono.

¿Y tú qué opinas?

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